Monoambiente (Fiesta Provincial del Teatro 2019)

Por: Pilar Alvarez Masi

Del teatro soy una simple espectadora. No conozco de luces, ni de puesta en escena, ni de dramaturgia, sólo puedo dar cuenta de lo que ahí sentada me pasa mientras observo. Martha Graham decía que elijas lo que elijas, siempre hay que hacerlo con el canal abierto, y así me ubico en el ATTP de Santa Rosa para ver, por segunda vez, Monoambiente, una comedia negra escrita y dirigida por Fernando Baretto.

 Sé que corro con ventajas, la vi antes, conozco el guión y lo leí varias veces. Sin embargo, estoy acá por segunda vez, porque el texto tiene tantos subtextos y la puesta en escena tiene tantas marcas que las experiencias son totalmente diferentes.

Hay mucho para decir, así que vamos por partes. Primero: hay dos historias (como mínimo), la historia de dos hermanas absolutamente diferentes y la historia de un país y el punto de fusión de ambas está primero insinuado, luego es más evidente y sobre el final de la obra, queda a la vista de los espectadores. Sin embargo, no es tan sencillo como parece, hay un trabajo de metáforas con esas dos hermanas que el espectador tiene que reconstruir y avanzamos ahí en el siguiente punto: los personajes.

Maia y Pauly son dos polos opuestos y, a su vez, son la síntesis histórica de un país, o de un modelo, de un sistema. Son también hijas, claro está, y ahí es donde entran a jugar las metáforas, las condensaciones, los subtextos que hacen necesario ver la obra más de una vez, no porque la primera no se la disfrute, sino porque la segunda se la disfrutará aún más. En esas dos mujeres hay sutilezas, cosas dichas al pasar que cuando el espectador las articula con lo que está pero no está dicho, cobran la relevancia y la responsabilidad histórica que atañe a cada uno de nosotros. Las dos veces que vi la obra los papeles estuvieron representados por Rosario Torres y Magalí Gigena respectivamente. De nuevo, no puedo hablar técnicamente de actuación, sólo puedo dar cuenta de lo que me pasa y que es esto: los personajes tienen que contrastar y ambas actrices lo logran, cada una desde su lugar. Pauly llega al monoambiente y sus gestos, su tono de voz y su postura le dan al espectador la clave para pensar y especular qué se teje en ese ambiente tan pequeño, son detalles que la actriz suelta sobre el escenario y que inmediatamente chocan con el otro personaje en escena y generan un ida y vuelta que hace imposible quitar la atención. Magalí, en su personaje, pasa por el cuerpo las experiencias de un sector de la sociedad y las posiciona en escena, las confronta con las que expone Rosario, desde una Maia más a tierra y analítica.

Fui con ventajas a verla por segunda vez. No dudaría, sin embargo, en asumir un tercer desafío para seguir indagando y, sobre todo, aprendiendo.